Un médico tenía una hija, a la que quería de un modo singular, y sólo pensaba en ella. La niña se puso enferma y su padre la cuidaba muy bien porque deseaba curarla. La hija se quejaba, porque algunas veces su padre, para curarla, la hacía padecer un poco. Cuando te corrijan o reprendan, no te enfades, ni lo tomes a mal. No pongas mala cara. La corrección es la medicina que cura.
Vladimir Guerrero: “Mi hijo tuvo más suerte que yo ”
Hace 10 años



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