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viernes, 22 de enero de 2010

Una hormona podría ser la responsable de que la gente coma aún estando satisfecha

Una de las razones por la cual las personas engordan es que continúan comiendo aún cuando se sienten saciadas. La grelina, la hormona liberada cuando aparece el hambre, podría influir en la mala costumbre de seguir alimentándose a pesar de tener el estómago lleno, concluyó un estudio realizado en Estados Unidos.

La grelina, también llamada la "hormona del hambre", es una pequeña proteína relacionada con la regulación del apetito. La produce el estómago y actúa sobre el cerebro generando ganas de comer. De hecho, su concentración en sangre sube antes de comenzar la ingesta de los alimentos y disminuye al terminar la comida.

Pero los investigadores del Centro Médico de Southwestern consideran que la grelina podría también actuar en el cerebro para que algunas personas continúen comiendo aun cuando se sienten llenas.

La clave de esta asociación estaría en la sensación de recompensa. Jeffrey Zigman, el principal autor del estudio, explicó que las recompensas actúan "dando placer sensorial, por lo cual nos motivan a obtenerlas. A su vez, reorganizan la memoria para no olvidar como conseguirlas".


LA RECOMPENSA QUE ENGORDA

Los científicos realizaron dos pruebas distintas. Primero, alimentaron hasta la saciedad a un grupo de ratones y luego observaron si preferían ir a un sitio donde anteriormente habían ingerido comida con grasa o a otro lugar donde habían encontrado, también previamente, alimentos comunes y corrientes.

Los ratones con grelina inyectada artificialmente ingresaron directamente en el cuarto donde habían comido alimentos con mucha grasa.

"Creemos que la grelina tuvo este efecto porque los ratones recordaron cuánto habían disfrutado de esa comida. No importaba si ahora ese lugar estaba vacío: igual lo asociaban con algo placentero", dijo Mario Perello, co-autor del estudio.

A continuación, Zigman y Perello contaron la cantidad de veces que los ratones asomaban sus narices a través de un agujero en la pared para conseguir comida con mucha grasa.

"Los animales que no habían recibido grelina desistieron antes que aquellos que si la tenían circulando artificialmente en su sistema", explicó Zigman.

Los investigadores concluyeron que la grelina podría actuar sobre el cerebro, haciendo que la gente busque alimentos muy sabrosos por ningún otro motivo más que sentir placer.

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